River Plate volvió a sufrir, volvió a dejar dudas desde el juego, pero otra vez terminó festejando. El equipo dirigido por Eduardo Coudet eliminó a San Lorenzo en los octavos de final del Torneo Apertura 2026 tras una definición dramática por penales en el Monumental y sigue en carrera en un semestre donde, aunque el funcionamiento todavía no termina de convencer, los resultados aparecen en los momentos decisivos.
El Millonario empató 2-2 en los 90 minutos en un partido cargado de tensión y terminó imponiéndose desde los doce pasos gracias a la figura de Franco Armani, que volvió a ser determinante en una noche límite. River sufrió mucho defensivamente, tuvo pasajes de desconexión y por momentos volvió a mostrar esa irregularidad que viene acompañándolo durante gran parte del ciclo de Coudet. Sin embargo, también mostró algo que históricamente no siempre aparece en Núñez: capacidad para sobrevivir en partidos incómodos y terminar ganando aun jugando mal.
El gol agónico de Quintero y su descargo frente a la hinchada:
Y ahí aparece quizás la reflexión más interesante de este presente. El fútbol vistoso todavía no aparece. River no domina como otros grandes equipos de su historia, no tiene la fluidez ofensiva que caracterizó al club en otras épocas y todavía parece un equipo en construcción. Pero más allá de la derrota en el Superclásico ante Boca, el conjunto de Coudet viene sacando adelante partidos muy cerrados, muchos de ellos sobre la hora o en contextos extremadamente adversos.
Eso no suele ser algo habitual en la historia reciente del club. Durante años, incluso en ciclos exitosos, River muchas veces quedó marcado por jugar bien pero no siempre encontrar soluciones en partidos trabados o caóticos. Hoy sucede algo distinto: el equipo gana aun cuando no convence. Y en torneos mata-mata, esa característica puede terminar siendo tan importante como el buen juego.
En las últimas semanas, River ya había conseguido triunfos agónicos tanto en el torneo local como en la Copa Libertadores. En varios de esos encuentros apareció el carácter de algunos jugadores, el peso individual de sus figuras y también cierta cuota de fortuna que muchas veces acompaña a los equipos que terminan peleando cosas importantes.
El último penal atajado por Beltrán:
Por supuesto, todavía hay mucho por corregir. El mediocampo continúa mostrando problemas para controlar los partidos, defensivamente el equipo concede demasiado y ofensivamente depende mucho de apariciones individuales. Pero mientras otros candidatos quedaron eliminados, River sigue avanzando.
Y en el fútbol argentino, especialmente en instancias de eliminación directa, muchas veces eso termina siendo más importante que jugar lindo. Porque hay campeones que construyen su camino desde el funcionamiento. Y otros que primero aprenden a sobrevivir. River, por ahora, parece estar encontrando esa segunda versión.













